Periodismo Escrito

 

Mileydis Polanco

Wayuu de Colombia

Enviada Ciudad de México

 

Yalina Ruiz es una joven de cabello largo, ojos grandes que dejan ver la grandeza de su espíritu, y tiene una risa que no pasa desapercibida, es inevitable estar a su lado y no contagiarse.

Como buena mexicana, es muy conversadora, trabajadora y comprometida con su rol de mujer indígena.

Desde su sentir, ella apoya campañas y programas que promueven los derechos de las mujeres en México.

Viendo esto, una se pregunta,  ¿Qué la motiva?

Resulta que Yalina tiene a su lado a una gran mujer que la inspira, su madre. Quien nos acompaña con su gran sabiduría, sin duda ellas comparten una energía de unión que les permite hilar el camino de vida y seguir conectándose, con su esencia de mujeres indígenas.

Crecer juntas para construir  Paz

Yalina Ruíz es indígena Zapoteca de 27 años, comunicadora social, actualmente docente adjunta en la Universidad Autónoma Nacional de México (UNAM), participa en el Tercer Encuentro de Comunicadoras Indígenas y Afrodescendientes que se realiza en la Ciudad de México, como parte de los  procesos comunicativos para la construcción de paz.

¿Cómo empiezas hacer parte de estos espacios de formación para mujeres indígenas?

Creo que fue el universo…Ríe. Vine a un taller  de diseño multimedia al Centro Cultural de España, después el Centro me envío la invitación  para participar en el Primer Encuentro de Comunicadoras porque buscaban mujeres de comunidades indígenas.

Allí conocí a varias de las que hoy estamos aquí. Luego salió la convocatoria para el Segundo Encuentro  que se realizó en Oaxaca y ahí las mujeres organizadoras me escogieron para que manejara las redes sociales. Hoy en este Tercer Encuentro,  soy parte de la organización del evento, por invitación de Lupita  la coordinadora de la Alianza de Mujeres Indígenas de Centroamérica y México.

¿Y cómo te parecen estos escenarios?

He ido a varios cursos, foros que debemos aprovechar porque las mujeres no tenemos muchos espacios y menos en el tema de comunicación, ahora mismo, tenemos un problema muy grave y es el ejercicio del periodismo que se ha convertido en una profesión peligrosa, a los periodistas los están matando.

¿Y en medio de ese peligro, cómo se puede realizar el trabajo periodístico   desde México?

Con mucha precaución. Hay que tomar medidas, sobre todo nosotras las mujeres, porque se están viviendo muchos casos en todo México, es muy duro,  porque sufrimos por censura, pero tenemos que continuar luchando para trasmitir lo que tenemos.

¿Ha cambiado en algo tu vida, desde que realizas este trabajo?

Como mujer he aprendido a empoderarme y a cambiar, elevar mi autoestima,  como mujer debó proyectarme bien. Recuerdo que al principio me molestaba con mis compañeras porque me decían que arreglara mi vestimenta,  y a mí no me gustaba, ahora ya lo hago, estoy creciendo como mujer, ha subido mi amor propio  y eso es satisfactorio.

Como comunicadora es muy importante como una se proyecta, porque todo comunica, es bueno que crezcamos, conozcamos nuestros derechos,  y hagamos aportes desde lo radial, escrito y multimedia.

¿Cómo crees que le aportas desde tu trabajo al desarrollo de los  pueblos indígenas?

Con conocimiento, llevando herramientas para desarrollar el trabajo como lo vienen haciendo muchas mujeres, es ayudarnos lo que nosotros llamamos el Tequio, que significa ayudarnos entre nosotros.

¿Cómo concibes la paz?

Ayudando al otro, estar en armonía, en calma, tener espiritualidad y transmitirla, porque desde lo que hacemos promovemos paz, hacemos intercambios para ayudarnos.

Yo ayude a mi mamá, la impulsé para que se metiera en esto, su tema específico es la lengua, ella sabe mucho de zapoteco, ya ha publicado libros, el reto es llevarlo a una plataforma digital, a veces ella se desespera, pero luego se calma y continua.

Me gusta que la gente crezca, mi mama está creciendo en esto,  entre todas las que estamos aquí nos apoyamos, y esto nos permite crecer juntas.

 

 

La descendencia de los Hombres Águila

 

Yalina Ruiz

Ciudad de México

Bertha Dimas Huacuz nació en Santa Fe de La Laguna, Michoacán, es una mujer delgada, de estatura mediana y cuando toma la palabra transmite su carácter fuerte, da seguridad.

Bertha comenta acerca de su segundo apellido “Huacuz” que significa en purépecha  “Los hombres águila”, el cual le gusta.

Bertha Dimas empezó a escribir en los foros de consulta de la ley indígena “me di cuenta que no  se daba a conocer  lo que nosotros como comunidades  hacemos” de esta manera inició escribiendo su primer artículo en el año 1988, sobre temática indígena y de mujeres.

Después sobre el movimiento zapatista con esto “empieza una a tener información a nivel estatal y nacional”.

Comparte que tuvo dificultades para empezar a escribir “ya que no estaba acostumbrada, necesitaba llevar información, de apoyarme en textos, documentos oficiales, leyes, estadísticas,  para saber  estaba pasando y plasmarlo”.

Las temáticas que maneja en sus escritos son de salud, derechos humanos, medio ambiente relacionado con pueblos indígenas, expresa que ha sufrido censura en periódicos locales ya que “me han cambiado el formato y le quitan el sentido a lo que una quiere decir, pero es mejor a que te nieguen los espacios porque no todos te quieren publicar”.

Uno de los retos que enfrenta como mujer es que compite con los hombres y que la gente valore su trabajo, sobre todo porque ser mujer es difícil, por lo que se vuelve necesario que “una mujer indígena diga lo que piensa, que la sociedad acepte esa visión que  tiene de la comunidad”.

“Me considero realizada, porque soy de las primeras mujeres que salió de mi  comunidad a estudiar y, ahora, me reconocen pues mis autoridades me eligieron para ser directora de la preparatoria intercultural que se fundó, eso te da una aceptación dentro de la comunidad”.

 

 

Bertha Dimas Huacuz

Purépecha Michoacán

Enviada Ciudad de México

Antonia nació en una comunidad en conflicto, como muchas otras comunidades de este México difícil y profundo. No quiere recordar su pueblo, casi ni mencionar el nombre.

Con sonrisa tímida nos dice que se considera de Tlapa de Comonfort, rincón escondido de las montañas de Guerrero, a donde llegaron con su familia cuando tenía sólo cinco años.

Lo que recuerda de su pueblo natal es sólo violencia y dolor. Tímidamente cuenta que perdió a sus hermanos por conflictos comunitarios, dados por el cultivo regional de la amapola, lo que provocó la inevitable migración de su familia a Tlapa.

En esta comunidad ha hecho su vida; le gusta vivir en Tlapa. Comenta que es una ciudad pequeña, pero con los servicios básicos, necesarios para ella y sus pobladores.

Estudió la licenciatura en Desarrollo Comunitario Integral  en la Universidad Pedagógica Nacional (UPN)  y por azares del destino terminó haciendo periodismo.

Antonia inició escribiendo, más por convicción y necesidad de comunicación en estos tiempos convulsivos de su entidad, tras los sucesos de la desaparición de los 43 estudiantes de la escuela normal rural  de Ayotzinapa, en Tixtla. Momentos de grandes movilizaciones sociales en Guerrero y el país.

Relata que se acercó al periodismo, primero a través de la fotografía y el video, tratando de visibilizar los eventos que ocurrían en aquellos primeros momentos, todavía tan presentes después de dos años de la tragedia.

Para ella, entrar al mundo del periodismo no ha sido fácil, pero “me gusta…”, dice con una sencilla sonrisa, aunque no muy convencida. Pero eso sí, cuando se le pregunta cuáles son sus sueños o aspiraciones, responde muy convencida: tener su propia página web para divulgar sus ideas y videos.

Como Tlapa, la localidad que generosamente la acogió —nombre distintivo  derivado de “Tlapalli” en náhuatl, “lugar de tinteros o en donde se tiñe”—. Antonia teñirá su futuro y dejará gran huella

 

De pueblo chico, fiestero… y sin amigos de su edad

 

Antonia Ramírez

Nahua de Guerrero

Enviada Ciudad de México

 

Una joven con apariencia tímida. Sus manos sostenían un teléfono celular, mientras conversaba con dos amigas, le interrumpí su plática al preguntarle si me concedía una entrevista, con una sonrisa que ocultaba su nerviosismo asintió  afirmativamente.

No sabía que preguntar, también me invadían los nervios, y para romper el hielo le pregunté su nombre, edad y de que comunidad provenía.

Natali,  mujer joven indígena purépecha. Su padre y madre  son originarios de la comunidad San Francisco Pichátaro municipio de Tingambato, Michoacán al cual definió como un pueblo chico pero muy fiestero, pues al año celebran más de 20 fiestas religiosas.

Por cuestiones migratorias ella nació en la Ciudad de México, y ahí realizó sus estudios hasta el bachillerato porque su familia tuvo que regresar a su comunidad de origen, hasta hace dos años era la hija menor de sus padres, porque tuvo una hermanita.

Su sueño es estudiar la carrera de veterinaria porque le gusta interactuar con los animales,  montar a caballo y también cuidar de ellos.

Para ella insertarse a la comunidad le fue fácil, a pesar de que ella nació en la Ciudad de México y vivir su etapa de niñez y adolescencia en esa ciudad.

Lo que más le gusta de Pichátaro son sus fiestas, pues aunque su rostro refleje timidez, ella se considera muy alegre y fiestera, aunque en su comunidad es difícil tener amigas porque como en casi todos los pueblos indígenas de México las jóvenes se casan a temprana edad y es raro que a sus 21 años no hayan contraído matrimonio.

Es la única mujer y cuatro hombres que están estudiando la carrera de Lengua y Comunicación Intercultural, de la Universidad Intercultural Indígena Michoacana, (UIIM) y eligió esa carrera porque no tuvo otras alternativas en educación.

También es integrante del Consejo Estudiantil dentro de su universidad y colabora en el área de difusión, donde su función principal es divulgar convocatorias que llegan en su escuela.

Vino al Tercer Encuentro de Comunicadoras Indígenas y Afromexicanas para aprender de las experiencias de las que tienen trabajo y trayectoria en los medios de comunicación.

Nataly no se considera feminista, pero está realizando su tesis de mujeres periodistas de Michoacán y le indigna la desigualdad que viven las mujeres de su comunidad porque a pesar de que en las luchas participan activamente al momento de integrar algún consejo de incidencia política su participación es minimizada.

Cuando termine su carrera de comunicación le gustaría colaborar en la radio comunitaria de su comunidad y desde ahí producir materiales para contribuir en la mejora de Pichataro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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